Sofía se quedó pensativa unos segundos y, al final, dijo:
—Ya lo medité bien. Me voy a arriesgar. Para triunfar también hace falta suerte, a veces toca arriesgarse. Mi intuición me grita que, si trabajo con ustedes, voy a ganar esta apuesta.
Angelina escuchó con atención. Era delicada al hablar, pero tenía mucha valentía por dentro, y nunca perdía la determinación.
—Si la decisión no sale como espero, lo acepto. Yo me hago cargo de lo que elija. Y, si pierdo, también lo voy a asumir con calma.