Sofía le preguntó:
—¿Qué te pasa hoy? Deja de hacer tanto drama, ve a ocuparte de tus cosas y deja de meterte en las mías.
Sebastián se sintió impotente.
Lleno de la rabia que tuvo que contener, se fue.
Por dentro, el ascensor reflejaba un resplandor anaranjado brillante, como un espejo.
Ahí, vio su cara de pocos amigos: la mirada penetrante que le dio su madre, combinada con unas cejas rectas que solo lo hacían parecer más serio.
No hablaba mucho fuera de casa, y siempre tenía una actitud impon