—Eres un tacaño —dijo Camilo.
La verdad es que estaba bromeando. No estaba para nada enojado, y mucho menos iba a llevarse la comida a su casa, pero miró el plato y sacó su teléfono para tomarle una foto, anotando mentalmente la marca de la cerámica.
Sofía ya había movido su silla.
—Siéntate con nosotros.
Alejandro, como si nada, se sentó junto a Sofía.
Normalmente, Camilo hubiera preferido sentarse a su lado, pero hoy eligió sentarse frente a Alejandro.
La mesa era redonda, de estilo retro, un