Oscuridad, frío y completa soledad... Sofía se sintió muy mal y, mirando la frialdad en los ojos del hombre, no pudo evitar preguntar:
—¿Puedes llevarme de regreso? Solo son unos cientos de metros...
¿Por qué tenía que obligarla a bajarse justo ahora? Diego la miró con frialdad.
—Es perder tiempo.
—Entonces llévame al centro de la ciudad... —Sofía no pedía mucho y realmente no se atrevía a bajarse sola allí.
—No queda en la misma dirección —Diego ya había agotado su paciencia—. Bájate.
Sofía vio