Ese día, Alejandro vestía casual, aunque un poco formal, y mantenía su porte distinguido. En el trabajo, cuando necesitaba algo, Sofía siempre lo apoyaba, cuidando hasta los detalles más pequeños. Por eso, oírlo decir “¿sí?” le pareció extraño.
—Señor Montoya, si necesitas algo, dímelo directamente —respondió ella.
—No estamos en el trabajo, no tengo por qué darte órdenes —dijo él.
Sofía lo entendió de inmediato y, curiosa, preguntó:
—¿Entonces puedo negarme?
Alejandro, sorprendido, contestó:
—C