Diego se rio, con desprecio.
—Si me prestaras atención…
Pero Sofía no lo siguió. Lo miró fijamente y fue directo a la herida.
—¿O es que en serio no puedes olvidarme?
La mano de él, colgando a un lado, se apretó con fuerza. Guardó silencio dos segundos y luego se rio con sarcasmo:
—¡No es así!
Ella ya no lo entendía. Un hombre que la odiaba, que la trataba con indiferencia y desprecio, ¿cómo podía pretender besarla? Podía aceptar que estuviera molesto por Alejandro, pero Diego de siempre solía h