Por suerte se había controlado; de lo contrario, le habría hecho pasar una vergüenza a Sofía.
Sebastián ya se había calmado un poco cuando regresó a la sala.
Sofía se levantó enseguida del sofá, se acercó y lo miró de arriba a abajo.
—¿Cómo les fue en la charla?
—Ya te dije que venía a disculparme, ¿acaso pensabas que nos íbamos a pelear? ¿De qué te preocupabas? —respondió él.
—¿Podrías no ponerte a la defensiva por una vez? —lo regañó Sofía.
Sebastián pensó que, como ella lo había ayudado a dar