El recuerdo le llegó de la nada.
Carmen despertó, sin palabras, mirando el techo.
Anoche, con un objetivo clarísimo en mente —ganarse la red de contactos de Camilo, ese hombre con influencia en Nueva Castilla— aceptó su invitación a la fiesta. Fue muy divertida, tomó mucho, pero no llegó a emborracharse.
Al terminar, como Sofía le había pedido, Camilo se ofreció a llevarla sana y salva hasta su casa.
Carmen estaba contenta, pero justo en la puerta se topó con su exnovio, con quien había acordado