Isabella ya no tenía ni una pizca de cordura. ¡Ya nada más le quedaba pelear! Dos segundos después. Sofía la tenía con la cara aplastada contra el auto e Isabella se retorcía como loca, pero la mano que le presionaba la cara no se movía ni un milímetro. Ella se puso dramática y en su mente le deseó a Sofía que la atropellara un auto inmediatamente.
—¿Por qué me perseguiste? —preguntó Sofía.
Isabella tenía la voz quebrada, pero llena de odio.
—¿Por qué va a ser? ¡Porque te quiero matar!
—¿Tanto m