Al observar la mirada indiferente de Diego, Valentina se tranquilizó, aunque sintió una molestia inexplicable. Gabriel sabía que él detestaba a Sofía y, sin embargo, había decidido conversar con ella. ¿No era esto una provocación deliberada? ¿O quizás había sido ella quien lo buscó?
Esa posibilidad tenía mucho sentido, pues Sofía se había vuelto bastante despreciable y siempre merodeaba entre grupos de hombres. Entonces, conteniendo su aversión, Valentina sugirió:
—¿Será que necesitaba pedirle