A la mañana siguiente cuando me desperté, me di cuenta de que Gerard ya no estaba en la cama, me levanté, fui al baño a asearme, luego regresé al dormitorio y me vestí, después, bajé las escaleras. Acercándome a la cocina, viendo a mi hija y a Gerard sentados en las sillas desayunando.
—Buenos días, no me has despertado—, le dije a mi marido, dándole un beso en la mejilla a mi hija.
—Estabas muy linda durmiendo y no quería despertarte, y hoy te voy a llevar a comprar tu vestido para la recepc