Después de hablar con mi madre, nos levantamos de ese banco, acordando que la llamaría para volvernos a encontrar. Sabía que Gerard me había prohibido ver a mi familia, pero necesito ver a mis padres y a mi nana, aunque fuera unos minutos y una vez al mes. Mi madre y yo nos despedimos entre lágrimas, abrazos y besos, viendo como ella se alejaba nuevamente de mi vida, regresé a la casa viendo como mi hija seguía jugando con sus peluches.
Por la tarde y después de comer, Gerard todavía no había