Por fin me encuentro en casa. La verdad es que odio los hospitales, así que lo único que quería era salir rápido de ahí.
—Ed, deja de cargar así a mi hijo, que lo vas a lastimar.
—Pero si lo estoy cargando bien.
—Sí, claro, el bebé parece que se fuera a descabezar. Mejor dámelo. —Tomo a mi hijo y lo comienzo a arrullar para que se duerma.
—Sí que eres buena.
—La verdad es que sí. Pensé que me iba a dar más duro esto de la maternidad, pero hay algo con lo que no he podido.
—¿Con qué?
—Cambiar su