Cuando veo entrar a Laura con su m*****a sonrisa, siento cómo todo se me revuelve por dentro. Es como si el demonio se apoderara de mí, pero trato de controlarme.
—Hola a todos —dice ella, dándole un beso a cada uno. Cuando llega a Máximo, le sonríe coqueta.
—Hola, primito —y, delante de mí, le planta un beso cerca de la boca, lo que lo pone incómodo —Ah, hola, Lia, no te había visto —¡maldita puta!
—Hola, Laura —le dedico una sonrisa falsa.
Hablamos un rato en la sala y, durante todo ese rato,