Cap. 37. Ni una humillación más.
—Buenos días —saludo, ya que es lo único que se me ocurre decir. Ver la mirada de todos de pronto me hizo sentir pequeña y siento que estoy perdiendo la valentía que pensé que tenía.
—Amalia, mi niña, qué gusto tenerte aquí, pasa —John, dice y viene a mi rescate. Como siempre con esa comunicación que hay entre nosotros, sabe que estoy por entrar en pánico.
—Hola John, gracias.
—Amalia, ¿qué haces aquí? —Carlo, después de unos minutos de asombro, se levanta y va hacía a mí.
—He venido a tomar mi