Por Emma
Pupy se acomodó a mi lado.
-Que suave es esta seda, pero me gusta más la suavidad de tu piel.
Yo lo miraba anonadada.
-Sos muy hermosa.
Dijo mientras me acariciaba la cara.
-Lamento como sucedió todo, lo lamento muchísimo, ella ni siquiera tenía autorización para entrar a la textil.
-Lo sé.
Era verdad, yo lo sabía, pero si se trataba de Grace Obban, las puertas se abrían a sus pies.
Pupy sonrió con cierta melancolía, pero supe que era por el bebé que perdí, ya no lo hacía por esa mujer