Por Emma
Pupy se acomodó a mi lado.
-Que suave es esta seda, pero me gusta más la suavidad de tu piel.
Yo lo miraba anonadada.
-Sos muy hermosa.
Dijo mientras me acariciaba la cara.
-Lamento como sucedió todo, lo lamento muchísimo, ella ni siquiera tenía autorización para entrar a la textil.
-Lo sé.
Era verdad, yo lo sabía, pero si se trataba de Grace Obban, las puertas se abrían a sus pies.
Pupy sonrió con cierta melancolía, pero supe que era por el bebé que perdí, ya no lo hacía por esa mujer.
-Te amo, sos la mujer hecha a mi medida.
Dijo y sé que nos podemos acompañar en todos los sentidos.
Se acercó más a mí, sus rodillas rozaron las mías y sus manos se deslizaron lentamente bajo la seda de mi pijama.
Al llegar a mis senos, no tenía corpiño puesto, lanzó un gemido ronco y profundizó el beso.
Apretaba mi pecho, brindándome un placer que pensé, que nunca más lo iba a volver a sentir.
Sus dedos me quemaban, dejando llagas ardientes en mi piel, llevándome a sentir una hoguera dentro m