Por Emma
Me fui de la mansión de mi jefe, con un nudo en el estómago.
Encendí mi silencioso automóvil y anejé con cuidado.
Mis manos apretaban fuertemente el volante para evitar mis temblores.
Tenia los besos de Pupy instalados en mi interior.
Me seguirán quemando aunque habían pasado muchas horas, aun que después de eso habíamos almorzado y todo parecía estar en orden.
Nada estaba en orden, nada estaba tranquilo, todo era una fachada.
Yo seguía interpretando el papel de la secretaria perfecta.