Cuando Damián finalmente detuvo su acción, los dos guardaespaldas regresaron a sus posiciones originales y continuaron de pie.
Fabiola yacía en el suelo, su rostro horrorizado, ya no quedaba un solo pedazo de carne intacta, era demasiado terrible de ver.
Al ver a Fabiola en ese estado, Ana se quedó con los ojos bien abiertos de terror, olvidando incluso respirar, sin poder articular palabra.
—Damián, ayuda a levantar a la señora— la voz siniestra de Andrés resonó, llena de malicia y frialdad.
—S