Benjamín Anguiano observaba a sus sobrinas, Roberta y Rebeca, mientras jugaban en el enorme jardín de la casa de su socio comercial, una casa que no soñó poder pisar luego de que dicho socio lo amenazara con hacerlo pedazos si es que seguía haciendo sufrir a su hija, y que era vigilado por dos hombres que le miraban con más odio que recelo.
Por su parte, las dos mujeres en ese lugar parecían ignorar su presencia, ellas estaban concentradas en disfrutar de la compañía de sus amadas sobrinas, cuy