—¡Auch! ¡Eso me dolió! —gruñó Darío. Sammy abrió mucho los ojos y soltó el cuchillo cuando vio la sangre corriendo desde su antebrazo—. ¡Recógelo, no te he dicho que lo puedes soltar! —gruñó él, pero a Sammy le temblaban los labios—. Solo es sangre, Sammy, no se me va a salir una tripa por ahí.
—¡M