—Un poquito… —gimió Sammy sintiendo que no solo la llenaba sino cómo intentaba estirar poco a poco el interior de su vagina.
—¿Hacemos que duela otro poquito? ¿Sí…? —Darío apretó los dientes mientras forzaba unos cuantos centímetros más y la escuchó chillar mientras su respiración se disparaba.
—¡