Sammy arrugó el ceño mientras lanzaba un paquete tras otro en la gaveta. ¿En qué segundo exactamente había perdido la vergüenza…? ¡No lo sabía! Lo cierto era que se había frustrado terriblemente al ver que todos los paquetes de condones eran tamaño estándar.
—Eso es todo, bestiecita. Tendremos que