CAPÍTULO 89. Un conquistador
Darío tomó aquel teléfono y vio la cadena de mensajes que había escrito allí.
—¿Esta es…? —preguntó incrédulo.
—¡La misma! Por lo que parece, son mensajes de mi querida madre —siseó Sammy.
El Diablo negó sin poder creerlo.
—¡Mierd@! ¿¡Y cómo rayos está enredada Carmina con esta gente!? —gruñó Darío.
—No tengo idea, pero te apuesto a que lo vamos a averiguar, ¿verdad Diablito mío? —murmuró Sammy y lo vio hacer un puchero mientras le devolvía el celular.
—¡Lo siento, princesa, de verdad! —di