CAPÍTULO 58. Ya que nos estamos confesando...
Cuatro horas antes.
Darío le había mandado a Ángel la dirección de la casa, y apenas estaba amaneciendo cuando dos autos cruzaban la verja de entrada. En uno venían Jacob Lieberman y Connor Sheffield, los abogados amigos de Darío, y en otro llegaba su gemelo.
—¿Me quieres decir qué demonios está pasando? —fueron las primeras y amables palabras del Diablo para su hermano, pero estaba tan preocupado que no le prestó atención a eso.
—El abuelo. Tenemos que sacarlo de la casa. O mejor dicho, tú tie