CAPÍTULO 57. ¡Llama a la policía!
Si alguien le hubiera dicho a Darío Rivera que una criatura del aquel tamaño y aquella complexión sería capaz de doblegarlo, no lo hubiera creído. Pero la mano de Sammy solo lo soltó para agarrar su playera y atraerlo hacia ella.
—¡Eres tan estúpido, Diablo! —gruñó la muchacha sobre sus labios y Darío la envolvió en el abrazo más posesivo del mundo mientras hundía la lengua en su boca y la besaba como si estuviera marcando para siempre su territorio—. Lo último que te falta es orinarme en una p