CAPÍTULO 32. Ella te odia
Veintiocho horas. Exactamente veintiocho horas, las más largas de su vida, habían pasado desde el momento en que a Darío le habían puesto aquellas esposas hasta que escuchó la voz incómoda de un oficial.
—¡Rivera! ¡Tienes visita! —le gruñó mientras lo llamaba para que se acercara a la reja. Le puso las esposas de nuevo y lo sacó hasta un pequeño cuarto que debía ser de interrogatorio.
Adentro había solo dos personas, y uno tras otro lo abrazaron, primero el Grillo Fisterra y luego Jacob Lieberm