James se alarmó ante la poca acción de Tatiana, estaban a punto de abrir la puerta y ella se había quedado como congelada en el tiempo, quizá cavilando opciones, pero no les quedaban muchas.
— Rápido — dijo James con ansias —, escondamos estos documentos y salgamos de aquí antes de que nos descubran.
Tatiana asintió y, con manos temblorosas, guardaron rápidamente los papeles en la carpeta y la colocaron nuevamente en su escondite en el armario.
Cerraron las puertas justo a tiempo, justo cuando