Mundo de ficçãoIniciar sessãoPOV Alexander
Observé en silencio como Anne abandonó mi despacho con furia.
No dije nada, no la seguí, la dejé ir.
Me senté destruído en la silla y tomé mi rostro entre las manos.
Mierda, mierda, mierda.
Era un hijo de puta. Uno grande.
Su rostro angelical estaba arruinado gracias a mí. Le había roto el corazón.
Pero el mío también lo estaba.







