Julieta insistía tocando levemente la puerta del despacho de Rafael, pero la respuesta de su nieto era nula. La entrada estaba con seguro y atrancada con quién sabe qué cosa, ya que se habían escuchado golpes, objetos estrellándose contra las paredes y un sinfín de ruidos que solo acongojaban su corazón más de lo que ya estaba.
Eran cerca de las tres de la mañana y nadie tenía paz. Rafael quiso salir a buscar a Olivia sin descanso; sin embargo, sus piernas eran su mayor estorbo en esos momentos