CAPÍTULO OCHENTA Y TRES: TENGO TODO LO QUE TÚ NO TIENES
DOS DÍAS DESPUÉS
En la villa de la familia Belmonte, las alfombras persas estaban delicadamente colocadas en el suelo, los lujosos sofás brillaban bajo el sol dorado y dos hombres de mediana edad en los sofás estaban sentados en ellos riéndose. Mucho estaba por pasar con la llegada de aquel hombre especial y es que era la historia la que estaba llegando a su final, todo estaba tomando el lugar y la posición que siempre debió de tomar. Un