CAPÍTULO CUARENTA Y DOS: DESEO PROHIBIDO
Un par de lágrimas que caían de los ojos de la misma persona que había llevado a ese lugar a su amiga. Muy tarde se daba cuenta que no había tranquilidad para ella a donde quiera que fuera, no parecía haber nada bueno para la pobre de Gabriela, la misma a la que habían echado de la casa sin que la dejaran hablar, sin que su padre adoptivo hubiera sabido lo que realmente había pasado, siempre creyéndole al mismo que ahora se hacía cargo de todo. Bastó qu