Capítulo treinta y seis.
Recuerdos del pasado
Dante.
Miré con dolor como aquella mujer se alejaba de mi lado, mientras otro niño lloraba sin consuelo a mi lado.
—¡No te vayas, no me dejes solo! —sollozó el pequeño, giré la mirada para ver a la mujer que, pese a las súplicas del niño, no se molestó en verlo siquiera.
Su mirada se fijó sobre mí.
—Cuídalo, a partir de ahora será tu responsabilidad, no quiero tener nada que ver con él.
Esa mujer era fría como un témpano de hielo, no podía creer que no fuera capaz de tenerl