La puerta resonó y Edan soltó a la fiera que tenía entre sus brazos.
— ¡Esa arribista! ¡¿Cómo permitiste que me hablara así, Edan?! ¡No la tolero, no la tolero!. — Siguió vociferando Vivian, roja de rabia y desgreñada.
— ¡YA BASTA, VIVIAN!. — Gritó Edan, soltando la ira que había estado aguantando desde hacía rato. Vivian se paralizó, nunca antes, en ninguno de sus arranques, Edan le había hablado así. — ¡Tú y yo tenemos que hablar, pero no ahora, sírvete un trago, siéntate, tranquilízate y m