Todos se mantenían serios y estresados, llevaban una hora en esa oficina y todavía no llegaban a un acuerdo.
— Ya lo dije, quiero que especifiquen los límites en el contrato. — Demandó Alma, con mucha convicción.
— Eso ya lo habíamos discutido la vez anterior, está en el contrato, pueden y deben, de ser necesario, tomarse de la mano, darse abrazos y besos, solo si están en frente de la familia y amigos y repito, solo si es necesario. — Volvió a reiterar Diego, el amigo y abogado de Edan, que