— Lo siento.
— ¿Qué?. — Alma volteó hacia Edan, extrañada.
— Lo siento por la forma en que actúe, no debí pensar que huirías con él… Pero muchas veces, me ciego, no pienso bien las cosas. — Explicó Edan mientras conducía su Ferrari.
Era mejor hablar en ese momento, porque la familia de Alma, venía más atrás en la camioneta y en cuanto todos llegarán al apartamento de Edan, no habría mucho tiempo ni espacio para hablar a solas.
— Entiendo… — Exhaló Alma, pensativa. — Edan… ¿Cómo supiste? ¿Có