Edan apretó los puños con rabia, ¿Hasta qué punto tenía que soportar los arrebatos de Vivian? Él no estaba dispuesto a ceder a sus amenazas.
Sin embargo, en el momento en que pensaba responder, Edan sintió una suave y cálida mano en el hombro, que llamó su atención.
— Está bien, no queremos molestar…
— ¿Qué?. — Volteó él, ceñudo, ante el comentario de Alma.
— No te preocupes, será solo por unos días hasta que encuentre un buen lugar en donde rentar.
Edan la miró con preocupación, si el pu