Cap. 50: Entonces... nos casamos.
Tras aquella tormenta de pasión, el vizconde le dio un último beso dulce en los labios y la miró a los ojos con la respiración aún agitada.
—¿Quieres que me quede? —le preguntó suavemente.
Emily suspiró profundo, mirando el techo mientras el pulso se le desaceleraba.
—Eso no sería conveniente...
—¿Conveniente para quién? —quiso saber Stefano—. ¿Para ti?
Emily se cubrió el rostro con ambas manos, abrumada por la culpa.
—Esto no debió pasar, Stefano... Me dejé llevar por completo. —Soltó un bufid