Cap. 24: ¡Tengo una amante secreta!
Al momento de atracar en el muelle privado, el murmullo de los motores fue eclipsado por un hervidero de voces, gritos y el chasquido frenético de las cámaras. Una multitud de periodistas, fotógrafos y camarógrafos aguardaba junto a la pasarela.
Emily se tensó al instante, pegándose a la pared de cristal de la cabina.
—¿Qué ocurre? —preguntó con una punzada de pavor en la voz.
—No tengo la menor idea —respondió Stefano, frunciendo el ceño con molestia—. Ve a uno de los camarotes de abajo y no s