—No hagan trampa. En especial tú, Kily. —regañó Adren, mirándola con algo de enojo.
Ella soltó una risa. Intuí que la personalidad de Kily daba a entender que era competitiva y haría cualquier cosa para ganar. Estuvimos todos sentados a lo largo de la gran mesa. Habíamos comprado muchos juegos de mesa para compartir en familia.
Al verlos a todos allí, sentí que los ojos se me llenaban de lágrimas. No me quería sentir una tonta, pero es que era tan emotivo el encuentro. Que al fin todos fuéramos