Sujeté a ese enorme lobo con todas mis fuerzas, con el llanto escapándose de mis ojos. Santo dios, el dolor era insoportable. Tener que hacer esta fuerza para controlarlo era terrible, me sentía como si cargara el peso de una montaña entera sobre mis hombros.
—Es… Un Wolf-Blood… —empezó a decir Adren, mirando a su hermano con un gran temor en los ojos.
—¿Qué? —no comprendí, yo solo trataba de contener a ese enorme lobo que era mi esposo.
—Debes soltarlo, Sara. Será incontrolable. —dijo Adren, t