—¡Ayuda por favor! —gritó la niña nuevamente, mientras los vendedores corrían a socorrer a Angie.
Me quedé parada allí, sin moverme ni un centímetro por la conmoción. Uno de los empleados llamaba a Emergencias para que vinieran a socorrerla. Nadie había visto exactamente lo que había sucedido. No podrían tampoco, yo poseía una gran velocidad y el golpe que le di era imposible de ver ante el ojo de un humano. Nadie me culparía por su accidente, la gente pensaría que se tropezó o que algo más ocu