El cielo estaba claro en la ciudad de Nueva York cuando aterrizó uno de los vuelos Charter de San Francisco.
Sus pasajeros descendieron rápidamente pues estar metidos seis horas en un lata voladora no era algo que muchos soportaran. Sin embargo uno de los clientes de primera clase descendió con calma. Como si tuviera todo el tiempo del mundo.
Iba a establecerse un tiempo en la Gran Manzana y tan solo llevaba una maleta de mano. Con lo imprescindible. Lo demás ya se lo compraría allí o sus ayu