—Ya era hora, sirena —dijo David con las manos alzadas mientras Valentina abría los ojos lentamente—. Me has tenido con el Jesús en la boca desde hace un buen rato.
—Estaba herida y agotada. Todavía lo estoy.
—Y seguirás así mientras no te espabiles un poco. Eso es lo que da dormir trece horas de un tirón.
— ¿Qué has hecho en ese tiempo?
"Mirarte fijamente y pegar la oreja a tu pecho en señal de que subía y bajaba"
—Buscar nuestro sustento. No podemos vivir a base de líquidos —fueron sus pal