La clara luz del amanecer se filtraba por las ventanas cuando David se despertó. Tenía las piernas de Valentina enredadas entre las suyas y su mano apoyada en su pecho. Nunca había sido testigo de lo bella que eran las mujeres cuando estaban en ese estado apacible, al final de cuentas su intención era una bien diferente a dormir. Esa era la primera vez que despertaba en una cama que no era la suya con una mujer entre sus brazos. Y no cualquier mujer, la suya.
Bastaron pocos segundos para pasa