Capítulo 22. Un beso inesperado.
Para el desconcierto de las tres mujeres, Sebastián, con el mismo ímpetu con el que se dirigía a la puerta, se devolvió y, aprisionando la nuca de Lizbeth, le plantó un beso en los labios. Pero este no era uno de mentiras; era un beso que hizo a Lizbeth jadear incrédula. Los labios de Sebastián se movían sobre los suyos sin pedir permiso alguno. Eran dulces, suaves, carnosos y calientes.
Ella estaba estática, sin saber qué hacer. Sus ojos se cerraron por cuenta propia, y tras percibir una sutil