Capítulo sesenta y uno. Epílogo
—¡Papáaa! ¡Papáaa! —gritó Emma al ver lo que sus hermanos habían hecho con su reciente cuadro.
Emma era aficionada a la pintura, pero no era una artista como su madre y a sus dieciocho años, este hobby le ayudaba a despejar su mente de las responsabilidades que tenía como primogénita de la familia Collins.
—No fue nuestra intención, Emma —dijeron al unísono los gemelos.
Emma los miró con suspicacia. Peter y Patric eran como dos gotas de agua y había momentos en los que se le dificultaba recono