Silvia alzó la vista, encontrándose con un par de hermosos ojos. El hombre era elegante y apuesto, pero su temperamento era demasiado apacible, y sonreía como un joven inocente y encantador.
Silvia no lo conocía, y Lucía también lo miró con cierta duda.
—Me llamo Martín Batalla —se presentó él con simpatía, mientras colocaba el ave negra junto a ellas, sin cortarse un pelo—, soy el chef del señor Daniel, él me hizo traerle el plato del ave que cazó para que lo pruebe.
«¿Chef?»
Silvia levantó l