El banquete de la barbacoa duró más de tres horas, en las que todos no hicieron más que disfrutar.
A mitad de la jornada, Silvia se escabulló en busca de su premio, en compañía del personal.
Según las normas de Daniel, podía llevarse el poni u otro animal que quisiera. Y Silvia acabó eligiendo un pequeño siervo, a pesar de su gusto por los caballos; ya que, inconscientemente, pensó que un caballo no era apto como mascota.
Una vez que hubo escogido su trofeo, un guardaespaldas la detuvo, adoptan