Silvia tenía varios sospechosos. Leticia y Roberta probablemente la odiaban más que nadie. Carlos no parecería capaz de llegar a tanto, pero tampoco podía descartarlo completamente, considerando cómo había derribado todas sus percepciones anteriores sobre él.
Después del incidente en la fiesta, Leticia había pedido permiso y ahora estaba en casa.
Sin dudarlo, Silvia se dirigió inmediatamente a la residencia de los Ferrero.
La empleada que abrió la puerta se sorprendió al verla, lo cual era compr