—Leticia, me has provocado una y otra vez, y ahora has llegado a hacer algo tan malvado. Crees que siempre tendrás a los Ferrero respaldándote, pero ¿qué pasará si esta vez ni siquiera ellos pueden protegerte?
—¡Soy de los Ferrero! Por supuesto que mi hermano me respaldará. Y tú, ¿con qué cara me acusas? ¡Tú también te apoyas en el señor Caballero! No he hecho nada malo, ¡no digas mentiras! —la voz estridente de Leticia parecía capaz de perforar los tímpanos.
La mirada de Daniel, afilada como un